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id da página: 6199 Caminho para ir ao céu

Caminho para ir ao céu

Caminho para ir ao céu

Excertos da versão em espanhol do livro de Robert Amadou

- Si queréis entrenar vuestros pies para marchar por el sendero que lleva al Cielo, sabed que los comienzos son de extrema rudeza, dice este alma dolorida. Dios desea ser buscado por sí mismo. En este sentido, está celoso y os quiere todo entero, pero cuando os dais a él, jamás os abandona...

...Todos los seres pasan una primera existencia en la esfera de los instintos en donde trabajan para reconocer la inutilidad de los tesoros terrestres tras haber gastado mil trabajos reuniéndolos. Cuántas veces se mora en este primer mundo antes de salir preparado para volver a comenzar otras pruebas en la esfera de las abstracciones en donde el pensamiento se ejercita en las falsas ciencias, donde el espíritu se libera por fin de la palabra humana; porque una vez agotada la materia se presenta el espíritu. Cuántas de las formas prometidas al cielo han sido utilizadas antes de llegar a comprender el precio del silencio y de la soledad, de la que las etapas estrelladas son el pavimento de los mundos espirituales. Después de haber experimentado el vacío y la nada, los ojos se vuelven hacia el buen camino. Es entonces cuando otras existencias a utilizar son precisas para pisar el sendero en el que brilla la luz. La muerte es el descanso de este viaje. Las experiencias se hacen entonces en sentido inverso: es preciso con frecuencia toda una vida para adquirir las virtudes que son el polo opuesto de los errores en los que el hombre ha vivido precedentemente. Viene a continuación la vida en la que se sufre y en la que las torturas dan sed de amor. En seguida la existencia en la que se ama y en la que la devoción por la criatura toma la forma de devoción hacia el creador, ahí están las virtudes del amor, sus mil mártires, su angélica esperanza, sus alegrías seguidas de dolores, su paciencia, su resignación, excitan el apetito de las cosas divinas. Sigue la vida en la que se buscan, en el silencio, los trazos de la palabra, en la que se convierte en humilde y caritativo. Después la vida, en la que el deseo es muy intenso, y por último, la existencia en la que se ruega. Allí está el eterno mediodía, allí las flores y la cosecha. Las cualidades adquiridas, y que se van desarrollando lentamente en nosotros, son los lazos invisibles que unen cada una de nuestras existencias unas con otras, y el alma es la única que las recuerda, porque la materia no puede rememorar ninguna de las cosas espirituales. El pensamiento sólo tiene la tradición de la anterior. Este legado perpetuo del pasado al presente y del presente al futuro es el secreto de los genios humanos: unos poseen el don de las formas, otros el don de los números, éstos el de las armonías. Éste es el progreso por el camino que conduce hacia la luz. Sí, quien posee uno de estos dones contacta con el infinito en un punto. La palabra, sobre la que os he revelado aquí algunas cosas, la tierra se les ha distribuido, y en ella, reducida a polvo, la ha sembrado en sus obras, en sus doctrinas, en sus poemas...

...La última vida, aquella en la que se resumen las otras, en donde se tienden todas las fuerzas y todos los méritos, debe abrir la puerta santa al ser perfecto, es la vida del rezo. ¿Quién podrá haceros comprender la grandeza, la majestad, la energía de la oración? ¡Que mi voz resuene en vuestros corazones y los cambie y logréis de un solo golpe conocer lo que seréis tras las pruebas! Hay criaturas privilegiadas, profetas, videntes, enviados, mártires, todos los que sufren por la palabra o que la han proclamado; estas almas franquean de un solo paso las esferas humanas y se elevan con un solo y gigantesco paso hasta las alturas de la oración. Así sucede con los que se ven devorados por el fuego de la fe. Sed uno de estos matrimonios intensos. Dios sufre la temeridad, le agrada el ser tomado violentamente y no rechaza jamás al que puede acercarse a él. ¡Sabedlo!, el deseo, este torrente de vuestra voluntad, es tan poderoso en el hombre, que un solo tiro lanzado con fuerza puede lograrlo, un solo grito basta con frecuencia actuando bajo la presión de la fe. Venced a la tierra, que la sed y hambre de Dios os sean suficientes. Corred hacia él, como el ciervo sediento se encamina a la fuente; el deseo os prestará alas, las lágrimas, esas flores del arrepentimiento, serán como un bautismo celeste del que saldrá purificada vuestra naturaleza. Liberaos de la fuerza de las olas mediante la oración. El silencio y la meditación son los medios más eficaces para marchar por esta vía. Dios se vela siempre al hombre solitario y recogido. De esta forma se opera la separación necesaria entre la materia que os ha rodeado durante tanto tiempo envolviéndoos en sus tinieblas y el espíritu que nace en vosotros y os ilumina, porque él hará entonces que vuestra alma se aclare. Vuestro corazón lacerado recibirá entonces la luz que inunda. Ya no tendréis en vosotros convicciones, sino radiantes certezas. El poeta se expresa, el sabio medita, el justo actúa; pero el que se sitúa al borde de los mundos divinos reza, y su oración es al mismo tiempo palabra, pensamiento, acción...